Ayer finalizó una semana intensa en la que más de 80 chicos y chicas, entre los cuales yo mismo me encontraba, mostraron en tres días (jueves, viernes y sábado).
Finalizó el musical de Queen de los CC.MM. Santafé y Cardenal Cisneros estuvieron preparando durante varios meses, para concluir en tres días llenos de nervios, emoción, alegria y agradecimiento por parte de todos al haber conseguido lo que nos propusimos desde un primer momento.

Quiero agrader a María y Carlos su esfuerzo y trabajo por dirigirnos y dedicar tantas horas durante este curso, para lograr lo que nos que nos propusieron y ellos mismos han logrado; y ayudandonos cada vez que cojeabamos, ofreciendonos sus manos para volver a ponernos en pie.
A todos los músicos, por guiarnos en cada una de las canciones.
A los bailes, por hacernos volar a los que estabamos tras la cortina.
A la tramoya, por expresar realidades con simples objetos y varios trazos a color.

A Pope, por ayudarnos, junto a María, en cada uno de los ensayos de coros.
A Alberto Ortega por ser su “enemigo” haciendole volar.
A Sergio y Alberto por ofrecer sus horas, volviendo a sus puestos del musical de los cuales parece que nunca olvidar y que, en mi opinión, no deberían salir.
A esa coral tan magnífica de la que formé parte *: las ángeles (chicas que cantan con tonos altos) y demonios (chicas que cantan con tonos bajos), junto a las putas (chicos que cantan con tonos altos) y porculeros (chicos que cantan con tonos bajos); ya que sin ell@s la sala no retumbaría con palmas al son de nuestras voces.
Y desde luego no olvidar a mi jefe Mario, con el que ví y viví los interrogatorios más inesperados y graciosos de mi vida mediante un diálogo del que jamás sabría que podría hacer con él y compañero Sebastián, ya que sin él no hubiera podido actuar.

* Son los nombres que familiarmente nos daba la directora a cada uno de los grupos de los coros en función de nuestros tonos de voz











